viernes, 27 de abril de 2012

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Desde los albores mismos de la Conquista la educación costarricense estuvo ligada inexorablemente a elementos religiosos que dominaban el entorno político del viejo continente. Pese a los errores del pasado liderados por el poder religioso y político, en el Renacimiento, la Ilustración, el Positivismo y la Revolución Francesa, se encuentran sentimientos de acogida, favorable y positivos en el ambiente costarricense.
La enseñanza elemental en Costa Rica estuvo durante la colonia en manos de sacerdotes principalmente, entre ellos los franciscanos que impartían el Evangelio a nuestros aborígenes y, además, les enseñaban a contar, leer y escribir. De este modo, los sacerdotes catequizaron intensamente: los indios se reunían a las nueve de la mañana y a las tres de la tarde para recibir la instrucción religiosa y moral.
El primer maestro costarricense fue el padre Diego Aguilar. En 1594 dirigió la primera escuela elemental y fungió en ella por más de 40 años.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de Cádiz, 1812, jugaron un papel importante en la educación costarricense. Costa Rica fue representada por el Pbro. Y Dr. Florencio del Castillo, defensor del derecho de los indios y ejerció como presidente en dichas cortes. Aunque esta Constitución recibió la influencia de la Ilustración, venida fundamentalmente de la Revolución Francesa y de la Constitución Francesa de 1791, inspirada en el pensamiento ilustrado y liberal, en uno de sus artículos sobre la educación no deja por fuera el elemento religioso, así lo rescata Dengo cuando cita la Constitución de Cádiz de 1812:
En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras en las que se enseñará a los niños a leer, escribir, contar y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.